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Retrato en gris sobre fondo gris

05 May

La escena número 8 (abril de 2013) del taller de escritura Móntame una escena del blog Literautas llevaba por título Noctámbulos. En esta ocasión la historia debía tener las siguientes características: tener inicio, nudo y desenlance; suceder durante la noche; y debía estar inspirada en el cuadro del mismo título de Hopper. Mi relato fue Retrato en gris sobre fondo gris.

Anochecía cuando salió del trabajo. Un día más, del cielo plomizo caía una lluvia pesada tornando en un gris más oscuro el ya de por sí gris paisaje urbano. Gris mojado sería un buen nombre para ese color, si es que podía llamarse color a aquel tono apagado que predominaba por todas partes. No había sido un buen día. A decir verdad, no había sido una buena semana, ni un buen mes, ni un buen año. Todo había ido a peor con el paso del tiempo. Estaba cayendo por un abismo del que era incapaz de vislumbrar el fondo.

Habían pasado doce largos meses desde que le habían propuesto ocupar aquella plaza en la empresa y, tal y como estaban las cosas, fue una oferta que no había podido rechazar. Por aquel entonces acababa de pasar una temporada ingresado en un centro para superar su adicción al alcohol y, tras rehabilitarse y haber dejado completamente la bebida, no pensaba dejar escapar esa segunda oportunidad que le ofrecía la vida. Era una buena ocasión para empezar de cero y además no tenía novia ni nadie especial allí que le retuviese o le dificultase la marcha. Fue un error. Apenas puso el pie en la gigantesca urbe, la certeza de que se había equivocado cayó sobre él como una losa. Descubrió un lugar opresivo y deshumanizado, con más de siete millones de individuos solitarios y encerrados en sí mismos. Aquello era totalmente diferente al mundo prometedor y alegre que había imaginado.

En las semanas iniciales no sólo no había mejorado su opinión de su nuevo hogar sino que cada día que pasaba veía reforzada aquella primera impresión, por lo que al segundo mes de estar instalado decidió solicitar unos días de permiso para tomarse un descanso y hacer una escapada a su ciudad de origen. La intención de ese viaje era la de servir de paréntesis para desconectar de la rutina que estaba minando su ánimo poco a poco y poder cargar las pilas para aguantar otra temporada. Lo pasó genial. Conoció incluso a una chica muy agradable y de nuevo la sonrisa volvió a iluminar su rostro. Fueron unos días felices y despreocupados, y por ello se le hizo durísimo regresar a la gran ciudad. El paréntesis resultó tener el efecto contrario al deseado y el retorno fue horroroso.

Una vez de vuelta a la capital, reflexionó sobre su situación y consultó la posibilidad de ser trasladado a una sucursal más cerca su ciudad. Le informaron que de momento era imposible ya que le necesitaban allí lo que quedaba de año, pero que después cabía la opción de cambiar de destino. Eso le animó algo así que con ese objetivo en mente se esforzó como nunca antes lo había hecho, no haciendo otra cosa aparte de dormir y trabajar. Y así había sido hasta hacía aproximadamente un mes cuando, al interesarse de nuevo por el traslado, se enteró de que la empresa iba a cerrar las dependencias que tenía en su localidad. Su frágil castillo se derrumbó de un plumazo.

Perdió el apetito y empezó a padecer insomnio, por lo que pasaba las noches vagando por las calles para no volverse loco en su minúsculo apartamento. Días solitarios dejaban paso a noches aún más solitarias en una sucesión que se le antojaba infinita. Cada vez rendía menos en el trabajo y por eso justo antes de terminar su jornada había recibido una nota en la que se le recriminaba por su bajo rendimiento. Le daban de límite otra semana para que espabilase.

Esa noche, de camino a casa se desvió y sus pasos terminaron conduciéndole a una esquina en la que se ubicaba un Diner. Se detuvo delante de la fachada. El establecimiento era de lo más normal, uno de tantos locales anónimos que había desperdigados en cada barrio. Era algo tarde y estaba casi vacío. En su interior podía verse cómo un aburrido camarero atendía a un hombre distraído junto al que se encontraba una mujer que fumaba con aire ausente. Hipnotizado, sin saber muy bien el porqué, entró y se sentó. En la barra se había derramado algún líquido y al apoyarse en ella su manga se humedeció. Gris mojado. Pidió un whisky casi sin darse cuenta. El vaso posado frente a él relucía como el oro. Quiso olvidarse de esa mañana, de esa semana, de ese mes, de ese año. Nada de eso tenía ya importancia. Apuró el whisky de un trago. Pidió otro.

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Publicado por en 5 mayo, 2013 en Relatos

 

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