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Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río

28 Ene

De nuevo en el taller de escritura Móntame una escena de Literautas. Toca la escena número 14, correspondiente al mes de enero de 2014, que lleva por título Móntame una escena: doce campanadas. Los requisitos, aparte de que el relato tuviese inicio, desarrollo y desenlace, y que no superase las 750 palabras, eran que debía comenzar con una cualquiera de las dos siguientes frases:

«Apuró el paso al escuchar las doce campanadas»

«Apuré el paso al escuchar las doce campanadas»


En Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, hago un pequeño homenaje a la ciencia, en este caso reinterpretando el experimento de Hawking desde el punto de vista de la ciencia ficción.

Apuró el paso al escuchar las doce campanadas. Observé con atención al individuo. No le podía ver la cara, pero se trataba de un joven normal y corriente, al que en otras circunstancias no le habría dedicado un segundo vistazo. Claro que aquélla no era una situación ordinaria.

Hacía veintisiete minutos que me encontraba haciendo guardia en las proximidades del sitio indicado en el mensaje. No había error posible, ya que en el anuncio se especificaban las coordenadas UTM. Naturalmente no lo llevaba encima, para minimizar el riesgo de generar paradojas, aunque me sabía el texto de memoria de cuando estudiaba en la Crono-Agencia, donde todo alumno de primer curso debía recitarlo si quería aprobar Historia de los Experimentos Temporales:

«Está usted invitado

a una recepción

para viajeros del tiempo.

Organizada por

el Profesor Stephen Hawking

Tendrá lugar en

la Universidad de Cambridge

Gonville y Caius College

Trinity Street

Cambridge

Ubicación: 52º 12’ 21” N, 0º 7’ 4.7” E

Hora: 12:00 UT 28/06/2009

No se requiere confirmar asistencia».

Lo curioso de esa célebre invitación no era su contenido, no. Lo interesante era que se había difundido una vez pasada la fecha: nadie que no viniese del futuro, podría saber con antelación que precisamente allí y en ese justo momento, iba a celebrarse una fiesta.

Este evento me había obsesionado durante gran parte de mi vida. La primera vez que me lo describieron, me maravilló su sencillez y originalidad. Debo confesar que también me pareció algo infantil, aunque teniendo en cuenta los medios disponibles en aquel periodo, reconozco que gran parte de su encanto residía en esa ingenuidad: la idea de que uno de los más eminentes científicos de la época, recibiese de una forma tan poco ortodoxa a los hipotéticos viajeros del futuro, tenía cierta elegancia. Pero no se presentó nadie. Fue un fracaso. O un éxito, según como se mire. Algunos lo consideraron una prueba de la imposibilidad del viaje al pasado. Otros propusieron soluciones alternativas para justificar el resultado: las invitaciones no habían tenido la suficiente publicidad como para perdurar a lo largo de los siglos; no se disponía del control necesario para ajustar con la precisión exigida el traslado a un instante concreto; los viajeros preferían invertir sus recursos en otros destinos más atractivos; etc. Incluso hubo quien bromeó especulando con que sí que había habido asistentes, sólo que el Profesor Hawking los había asesinado para preservar el continuo espacio-tiempo.

Ironías aparte, la realidad era que los viajes en el tiempo eran posibles. Llegaría el momento en que, una vez verificada su viabilidad, se acordasen una serie de directrices para regular su uso, entre las cuales figuraría la prohibición de toda interacción directa o indirecta que revelase la existencia de viajeros del futuro. Hay un estricto control sobre ese apartado, y yo soy uno de los encargados de hacerlo cumplir.

Como el hecho era que nadie había acudido a la cita del 28 de junio de 2009, mi misión era cerciorarme de que así continuase siendo. Yo estaba allí para garantizar la coherencia histórica en ese nudo, y por eso, cuando vi al intruso, reaccioné con decisión: atravesé la calle, y me dirigí de frente hacia él.

―Disculpa, ¿tienes hora?

Acaban de dar las doce, ¿no ha oído el reloj? ―respondió una versión de mí mismo de 17 años de edad, sin reconocerme como su versión madura.

―Bueno, ya conoces los efectos que produce cruzar el umbral de Miller-Kobayashi dije con una sonrisa. Tranquilo, no te pongas nervioso. Sé que ésta no es la bienvenida que habías soñado, pero deberás conformarte con haber llegado hasta aquí sin haber provocado ningún daño irreversible. Aún tienes mucho que aprender.

Él, en lugar de intentar huir o presentar resistencia, bajó la vista avergonzado, tal y como yo recordaba haber hecho entonces. Juntos, dimos la espalda al edificio y regresamos a nuestros respectivos puntos de origen.

He pensado mucho en aquel experimento, y aún lo hago de vez en cuando. Casi puedo ver al anfitrión solo en su salón, rodeado de globos flotando, mesas llenas de canapés, botellas de champán esperando a ser descorchadas… He vuelto a imaginar cientos de veces aquel timbre de la puerta, prácticamente al alcance de mi mano, y he sentido esa mezcla de esperanza y temor que debió sufrir el Profesor Hawking mientras aguardaba a que sonase. Y también he entendido mejor que nadie su decepción final y posterior resignación. Lo siento: la idea era buena, pero la fiesta tendrá que esperar. Quizás en otra ocasión.

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6 comentarios

Publicado por en 28 enero, 2014 en Relatos

 

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6 Respuestas a “Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río

  1. Carmen

    29 enero, 2014 at 12:47 pm

    Enhorabuena Eloy. Buenísimo 🙂

     
    • Eloyzinho

      29 enero, 2014 at 3:42 pm

      Muchísimas gracias, Carmen 😀 Y felicidades: eres la primera persona en comentar algo en mi blog 😉

       
  2. Atribulado Alegre

    1 febrero, 2014 at 7:35 am

    Atribulado alegre
    Bueno, bueno:aún tengo los pelos que me quedan como escarpias y estoy bastante sorprendido porque esperaba encontrarme con algo budista y me encuentro con un relato muy bien armado y futurista que es toda una sorpresa, y eso sin conocer nada del profesor que se cita ni de su experimento, por lo que me pierdo los antecedentes que supongo serán muy importantes. Esto me recuerda una comida con un jefazo mío a la que asistía también un ordenanza, que comentó haciendo gala de discreción subalterna: “No me enteré de nada de lo que dijeron, pero da gusto oírles hablar”. Esto se refiere a mi ignorancia, en ese caso cierta, claro está. Evidentemente eres “lo peor” en el mejor sentido de la expresión. Enhorabuena.

     
    • Eloyzinho

      1 febrero, 2014 at 11:45 am

      Muchísimas gracias, Atribulado 😀 Que sepas que lo raro sería que lo hubieses entendido todo, jeje, pero no sólo por que no estés acostumbrado a la ciencia-ficción, sino porque salvo lo de la invitación y el experimento de Stephen Hawking (uno de los científicos más famosos de las últimas décadas, y a quien sí que me extrañaría muchísimo que no conocieses), el resto es pura invención, incluidos términos como “Crono-Agencia”, “historia de los experimentos temporales” y “umbral de Miller-Kobayashi”, y por supuesto, no tengo ni idea de cuáles serían los hipotéticos efectos de cruzar dicho umbral. En cualquier caso, me alegro que te haya gustado 🙂

       
  3. David Rubio

    11 febrero, 2014 at 12:00 am

    Como comenté en Literautas un relato fantástico. Saludos

     
    • Eloyzinho

      11 febrero, 2014 at 3:03 pm

      Hola, David 🙂 Muchísimas gracias por triplicado: por pasarte por aquí (a pesar de haberlo leído en el taller), por molestarte en comentar (a pesar de haberlo hecho también en el taller) y por tu opinión favorable (que estas nunca amargan) 😀 Saludos.

       

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